• Nacho León

'Un musical barroco': El arte (más) nuevo de hacer comedias

Una compañía de teatro del siglo de oro se despeña por un barranco durante una de sus travesías de ciudad en ciudad, pereciendo en el accidente todos los integrantes del grupo, además del cochero. Al ser los artistas gente apartada de las buenas costumbres y del modo de vida cristiano y respetable, la ley marcaba que debían ser enterrados fuera del cementerio, en terreno profano, y de esta manera la compañía queda atrapada en una especie de limbo en el que luchan contra el olvido, la apatía y la completa desaparición. Un punto de partida original y apasionante.

Con un concepto de espectáculo simplemente genial, Un musical barroco se presenta como un montaje fresco, divertido, sorprendente, y muy bien trabajado. Con un humor que lo impregna todo, queda sin embargo espacio para intensos momentos dramáticos, especialmente potenciados por música, escenografía, composición e iluminación. Estamos ante una puesta en escena en la que numerosos elementos, lenguajes, estilos y disciplinas confluyen remando a un mismo son para entregarnos una obra refrescante, emocionante y a la vez accesible a todo tipo de públicos, pero que los amantes del teatro disfrutarán especialmente.

La propuesta trata temas muy interesantes, entre los que destacan: la vida de los artistas en el barroco y los estigmas asociados a estos; el miedo existencial, no ya a morir, sino a desaparecer sin dejar huella; el compromiso de los actores y actrices con su profesión, que traspasa fronteras, tiempos, e incluso la muerte; o el individuo frente a la comunidad, la necesidad de marcar su singularidad pero a la vez el deseo de sentirse parte de un grupo que lo acoge y protege, pese a sus diferencias.

La puesta en escena nos deja momentos memorables, como las escenas nocturnas, varios números musicales de nivel, o la Salve, quizás el momento más impactante de toda la obra junto con el emocionante final, donde la mayoría de personajes confiesan sus secretos más ocultos al ritmo de voces y coreografía, de una enorme belleza plástica y musical. Quizás cojea un poco la estructura dramatúrgica, que en ciertos momentos se muestra algo deslavazada, y no termina de conseguir que la pieza avance con toda la fluidez deseable, acusando ciertas bajadas de ritmo, que sin embargo no empañan el resultado final de un espectáculo sólido.

El equipo actoral es una piña, formando un grupo compacto en el que las interpretaciones individuales brillan en determinados momentos sin dejar de funcionar como un bloque. La vis cómica de muchos de los intérpretes, pero sobre todo, un cuidado trabajo de creación de personajes, otorga una riqueza al montaje que es, junto a la estética, su valor más preciado. El paisaje humano que nos dibujan es muy variado y da mucho juego, a través de las diferentes relaciones entre todos los personajes, aportando constantes momentos de comicidad, además de frescura y ritmo. El elenco al completo brilla en un trabajo coral de altura, coordinados por una tarea de dirección que hila fino en la confección de un espectáculo elegantemente coreografiado.

Mención aparte merece el vestuario y la escenografía, que se funden en un mismo concepto. El vestuario de los artistas, además de aportar una gran plasticidad, siendo llamativo, efectista y de disfrute visual, le sirve a los personajes como escenografía portátil, los enmarca, les ubica, y le sacan partido reutilizándose como elemento en el que introducirse a modo de cascarón para dormir, en un recurso ingenioso, sorprendente, vistoso y que suma calidades a la propuesta. El gran trabajo de iluminación también destaca en este montaje, dialogando con los actores en todo momento, creando esa atmósfera etérea, atemporal, pero a ratos cercana y cálida por la que deambulan estos cómicos errantes.

Un musical barroco es diferente y refrescante. Un espectáculo para disfrutar en todas sus vertientes. Un placer para los sentidos. También es exploración de nuevos lenguajes, búsqueda de renovar estructuras, romper con lo tradicional precisamente desde lo clásico. Es el espíritu del barroco yendo más allá, y desde el más allá. El novísimo arte de hacer comedias.


UN MUSICAL BARROCO

Autoría: María Herrero y Proyecto Barroco

Dirección: María Herrero

Intérpretes: Esther Acevedo, Víctor Antona, Ana Crouseilles, Arantxa Garrastázul, Eduardo Gutiérrez, Aitor de Kintana, Amaranta Munana y Ana Paradinas

Ayudante de dirección: Ana Crouseilles

Asistente de dirección: Aitor de Kintana

Vestuario: Karmen Abarca y Matías Zanotti

Escenografía: Proyecto Barroco

Diseño de Iluminación: Pilar Valdelvira

Fotografía y audiovisual: Aitor de Kintana, Jaime Menéndez, Óscar Gómez

Producción: Proyecto Barroco, María Herrero, María Moral

Música Original: María Herrero (voces y piano), Gloria Lamadrid (piano)

Asesoría histórica: Juan Carlos González

TEATRO INFANTA ISABEL. MADRID


Visto el 2 de febrero de 2020


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