• Nacho León

'Pídeme perdón (o cómo volver a la calle del Mariano)': sal y vinagre


Salir del teatro con una sensación de plenitud no es fácil en los tiempos que corren. Percibir en tu interior una huella, que ha hollado verdadera y profundamente tu sensibilidad artística y personal, se antoja complejo en un mundo que, ante el exceso de información y de estímulos a través de las diferentes pantallas que copan nuestro día a día, nos vuelve cada vez más duros, insensibles y difíciles de sorprender. Pero cuando una compañía como Perigallo Teatro lo hace de una manera tan sencilla, fresca y contundente, el espíritu se siente satisfecho y no puede más que aplaudir.


Pídeme perdón (o cómo volver a la calle del Mariano) es una obra escrita con sumo gusto, un texto a ratos poético y elevado, pero también crudo y desgarrador. Una ficción sencilla y sin alardes de historias de que se entrecruzan, honesta, comprometida e inteligente, accesible a cualquier tipo de público pero con mensajes contundentes de denuncia social. Los diálogos, en buena parte de la obra, se desenvuelven con una frescura tal que pasan los minutos sin que nos demos cuenta, atrapados en la soltura de unas conversaciones aparentemente cotidianas y banales, pero tras las que se esconden historias mucho más profundas, que vamos descubriendo progresivamente, sin prisas. A su vez, como contrapunto, presenciamos escenas cargadas de denuncia, amargura, poesía y simbolismo, protagonizadas en su mayoría por un enorme Javier Manzanera, apelando a nuestras entrañas y nuestras conciencias, dándonos la otra cara de la misma moneda, mundos que posteriormente se fundirán en un final que, aunque quizás se antoja demasiado amable y feliz para la acidez que impregna el resto de la obra, nos deja un grato regusto.


Una trama nada pretenciosa pero cargada de profundidad nos encandila desde el primer hasta el último minuto, bajo la estupenda dirección de Antonio C. Guijosa, que consigue cerrar un espectáculo muy completo, de ritmo perfecto y estructura sólida, apoyado en unas interpretaciones que rayan a un nivel altísimo, conmovedoras y alegres, que nos hacen empatizar con los personajes en todo momento, y vivir con ellos todo su proceso, su tortuoso pasado y su difícil presente. Actriz y actores nos llevan de la mano por un carrusel de emociones, de la alegría al abismo, pasando por el remordimiento y la nostalgia en pocas frases. Y todo con un sentido del humor abrumador que impregna hasta los momentos más crudos, con esa sonrisa amarga del reír por no llorar, pero también nos saca la carcajada amable sin recurrir al chiste fácil.


Estamos ante una de las obras más frescas, tiernas, bien construidas y deliciosas de ver que hay actualmente en el panorama teatral madrileño. Un espectáculo sin artificios, claro y directo, amable y violento. No hay nada postizo ni forzado. Pídeme perdón habla de la infancia, de los abusados y los abusadores. Habla de la madurez y las decisiones equivocadas. De la valentía y de la cobardía. De tomar conciencia y asumir responsabilidades. De superar los miedos y los traumas. De no rendirse ni resignarse. De avanzar. Pídeme perdón es vitalismo y empuje, sin renunciar a la amargura y la aspereza. Es la sal y el vinagre de la vida. Drama disfrazado de comedia. Y al revés. Mágica.


PÍDEME PERDÓN (O CÓMO VOLVER A LA CALLE DEL MARIANO)

Autoría: Celia Nadal y Javier Manzanera

Dirección: Antonio C. Guijosa

Intérpretes: Celia Nadal, Javier Manzanera y Pedro Almagro

Iluminación: Pedro A. Bermejo

Vestuario: María Cortés

Escenografía: Mónica Teijeiro

Música: Daniel García Centeno

Voz a capela: Maruxiña Cao

Espacio Sonoro: Carlos Gutiérrez

Diseño Gráfico: Sira González

Producción: Perigallo Teatro

TEATRO LAGRADA. MADRID


Visto el 14 de junio de 2019


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